El cuidado de los espacios

Los espacios son inmensamente poderosos e importantes en nuestro día a día. Al igual que las personas, cada edificio, vivienda y estancia tiene sus dimensiones etéricas y su conciencia. También los espacios abiertos como bosques, montañas y playas cuentan con un potencial energético propio.

Los componentes físicos del espacio están directamente relacionados con su constitución energética. Así, no encontraremos el mismo tipo de energía en una fábrica (llena de elementos relacionados con los metales y la electricidad) que en un bosque (rico en elementos vinculados a la madera o el agua). Cada elemento tiene un patrón de vibración particular, el cual podemos asociar también a los componentes químicos del cuerpo físico que lo materializa. No hay elementos buenos o malos, ni mejores ni peores que otros; se trata de encontrar el equilibrio en la variedad.

Si analizamos qué aspectos tenemos en cuenta al valorar la armonía de un espacio, como podría ser una vivienda, observamos el equilibrio y la relación entre los elementos que lo conforman. Así, tanto la cantidad como la disposición de los elementos son determinantes para el equilibrio energético de los espacios. Además de estos factores, también son importantes las cualidades de los elementos, es decir, las formas (muy importantes en la direccionalidad y fluidez de la energía) y los colores (cada color tiene una frecuencia diferente y, por lo tanto, aporta por resonancia una cualidad energética específica al elemento y al espacio), entre otros parámetros. El feng shui es una antigua técnica china que trata estos aspectos en relación con los elementos naturales; existen muchos recursos disponibles para ampliar la información sobre esta disciplina.

Otro aspecto que debemos tener presente en el equilibrio energético de un espacio son las cargas o memorias acumuladas. Tanto los objetos como los espacios absorben la energía que se proyecta en ellos. Los espacios interactúan y colaboran con los seres que viven, trabajan o transitan en ellos; son sensibles a todo lo que sucede en ellos y a su alrededor, por lo que resulta imprescindible cuidarlos. Pongamos un ejemplo sencillo para ilustrarlo:

“Si en el comedor de una casa hay discusiones intensas de forma muy repetitiva y prolongada en el tiempo, se genera una acumulación de energía vinculada a la ira, la frustración, el conflicto… que puede perdurar en el espacio y en la memoria de la vivienda. Si posteriormente a esa vivencia de dolor no se genera un ambiente de reconciliación y voluntad de reparación de los daños ocasionados, es difícil disolver esas experiencias. Así, se va saturando el ambiente de una baja vibración que favorece que haya aún más discusiones.”

Lo mismo ocurre con los objetos. Si asociamos un objeto a una emoción elevada (por ejemplo, una fotografía de un momento feliz), esta se proyecta en el objeto y en el entorno. Lo mismo sucede con las emociones bajas, de modo que si acumulamos muchos objetos con este tipo de memorias, comprometemos el bienestar energético del espacio.

Algunas cargas de los edificios van más allá de las experiencias que vivimos o aportamos nosotros; son anteriores a nuestra llegada. Tienen que ver con las personas que antes los habitaron, con presencias y elementos del entorno, de otros planos o hechos históricos que ocurrieron en el espacio incluso antes de que se construyera el edificio que hoy vemos.

El origen de algunas de estas cargas, especialmente si son de baja frecuencia, requiere una intervención consciente desde el plano sutil para sanarlas, eliminando los pesos, cerrando portales y restableciendo el orden amoroso.

A continuación, comparto algunas prácticas básicas que cualquiera puede aplicar y que considero útiles para mejorar la calidad energética de los espacios:

¿CÓMO CUIDAR MI CASA O MI LUGAR DE TRABAJO?

  • El orden es el principio básico para permitir que la energía fluya en una estancia.
  • La limpieza es necesaria más allá del sentido higiénico: un espacio sucio difícilmente tendrá una vibración elevada.
  • Evitar acumular objetos deja espacio para lo nuevo.
  • Convertir la casa en un hogar y el lugar donde trabajas en tu lugar de trabajo es una responsabilidad. Tal como dice Marie Kondo, autora de varios libros sobre el orden, es importante llenar la casa de felicidad, y esto lo lograremos también procurando que haya objetos que nos transmitan amor en cada estancia.
  • Subir bien las persianas para dejar entrar la luz natural al edificio. La luz del sol recarga las estancias y colabora en la activación del chi. Es importante que no haya habitaciones con las persianas siempre bajadas. Una bola de feng shui puede ayudar a dispersar la luz y renovar la energía de los espacios.
  • Los colores claros, por su propia vibración, elevan la frecuencia de los espacios; el blanco es el color más elevado, ya que contiene todas las vibraciones en sí mismo. Esto lo podemos apreciar en la descomposición de la luz. Asimismo, toques de colores más intensos aportan otras propiedades a los espacios, por lo que se debe hacer una valoración específica en cada caso.
  • Las plantas son buenas compañeras de viaje: nos ayudan a elevar la vibración de los espacios y algunas son especialmente efectivas en la limpieza ambiental (por ejemplo, el spathiphyllum es una de las plantas de interior más purificadoras del aire, o el poto para espacios con mucha gente como salas de conferencias, aulas, oficinas grandes…).
  • Ventilar ayuda a renovar la energía de los espacios; es importante hacerlo cada día. Es especialmente recomendable ventilar los días de lluvia, ya que entonces la renovación energética es mucho más intensa.
  • La música es vibración y, como tal, tiene un efecto directo en la calidad energética del lugar en que nos encontramos. Escuchar frecuencias elevadas o música que nos provoque alegría en casa promoverá un estado de bienestar.
  • Quemar incienso o palo santo de vez en cuando contribuye a la limpieza energética de los espacios.